Zorras Literarias

De aquellos orgasmos estas letras. De aquellos polvos recogemos estos lodos. Siete zorras lascivas literarias con ganas de violarte los prejuicios, de relatarte sus experiencias, de revolcarse en tus límites.

Create la fama.

A veces pienso que tengo una fama que no me merezco. Veo con frustración que se me atribuyen diversos amantes, un comportamiento digno de alguien con el criterio mermado por los complejos. Y mientras mi coño tiene entrada cada vez más restringida a un limitado público, los rumores se suceden a mi alrededor, sin razones aparentes. Y es que no, amigos. Follar mucho y bien sin compromiso no es ser promiscua, zorra, guarra, etc…. NO. Ojito. No, si entra en juego la reincidencia, la REINCIDENCIA es lo mío y cada día lo tengo más claro. Donde esté un buen polvazo fijo (o varios) sin compromiso que se quiten todos los malos-polvos de borrachera.

Hoy más que nunca, calidad en tus amantes antes que cantidad.

S.

Zumo.

Adoro el momento en que te miro y me suben las ganas de follarte por la parte interna de los muslos hasta el corazón. Se me rompen las ganas y empiezo a empapar las bragas, pero tú, zorrita, estás haciéndome la competencia.

Si estoy muy cerca y te quito las tuyas despacito veo cómo casi gotean. Incluso me pesan en las manos. Solo rozándote con la lengua ya puedo recogerte.

Me encanta llenarme de ti la mano y mezclarte conmigo mientras me cocino a fuego lento con los dedos.  

H.

La imagen.

La imagen, ese concepto que tanto odiamos que se convierta en la base de nuestro valor a ojos de los demás, pero a la vez tanto nos preocupamos en cuidar, y tanto nos preocupamos en juzgar. La imagen, eso que nos encanta que nos alaben cuando nos vemos follables, y a la vez, eso que odiamos que nos pongan en evidencia cuando estamos en la mierda.

Putos conceptos duales, iros a tomar por culo.

Que me follen. Ya.

Mi corazón.

Hoy soñé que me pintaba los labios, con mimo, con mucho cuidado, remarcando bien los bordes. Mirándome y volviendome a mirar, ensayando como besarte, como parecer que merece la pena conocerme. Rojos, con su cuidada forma de corazón. Corazón que acabó roto al ver que no lo querías, roto y atravesado por el primer golfo que encontré…..Y así sigue. La metáfora de mi vida en un par de imágenes…..

Desgraciadamente no era solo un sueño.

Punto y aparte.

Estoy acostumbrada a decepcionarme a mí misma, a darme asco hasta límites insospechados, a llegar a pisotear mi dignidad hasta que se ve reducida a un revoltijo que no se distingue de la mierda del suelo. Estoy acostumbrada a decir que será la última vez, que no vuelvo a tirarme a este o a beberme aquello, que no volveré a molestar…. Pero también estoy acostumbrada a mearme en todo lo que digo en cuanto empieza una noche de cervezas.

¿Cómo tomarme en serio mis propias promesas si no me tomo en serio a mí misma? ¿Como respetar la diversión de los demás si no me respeto a mí misma? ¿Cómo querer lo mejor para el resto y para mi dignidad si no me quiero a mí misma?

Y aunque sea rotundamente paradójico, AHORA tengo que gritarlo, esta vez es la buena.

Hoy empiezo a quererme. Hoy empiezo a respetarme, y con ello A CUMPLIR. Fuera mierda, fuera tensiones, fuera quien me ha demostrado que no vale ni las palabras que ahora mismo escribo para referirme a ellos. Por quien me quiere, por quien aún se preocupa cuando me caigo al suelo y tira de mí aunque sea a rastras. Son pocos, pero valen millones, por ellos, y sobre todo, por poder mirarme al espejo y estar orgullosa, hoy empieza mi nueva vida.

ABR.

Romántica.

Hoy estoy romántica, un poquito enamorada, hasta el punto de dejar voluntariamente todas mis relaciones de lado. Hasta el punto de necesitar demostrar que soy y estoy exclusivamente para una personita que quizá hace tiempo que se ha olvidado de mí. Hasta el punto de dejar escapar una sonrisa solamente pensando que será feliz, aunque no sea conmigo, sonrisa seguida de una amarga arcada que me recuerda que no me necesita para nada.

Desde aquí vomito públicamente ese revoltijo de sensaciones que podría llamar “amor”, porque no lo quiero, así no.

Puedes irte.

Sy.

No fue un sueño

Cuando me levanté de la silla estaba como perdida. Tenía el alcohol todavía corriéndome por las venas. Era ese momento en el que la niebla se evapora de tu mirada y te queda toda la suciedad de la noche, todo el mareo. 

Algunos estaban en la cama, otros estaban en el sofá. Él había desaparecido. Jodido, estaba muy jodido. Se notaba el dolor vibrar por las habitaciones, rebotar contra las paredes, y a mí se me estrellaba contra el pecho y solo quería buscarle.

Me levanté y me arrastré hasta el baño con los pies destrozados por unos zapatos de tacón que no estoy acostumbrada a llevar. Iba tambaleándome, chocando con las paredes. No, allí no estaba. Me acerqué a la cocina y apenas lo recuerdo, pero tengo la sensación de que vi la sombra de un hombre.

Me acerqué a él porque quería abrazarle, porque quería decirle “eh, estoy aquí”.

Me besó con rabia, colocó sus manos en mi cintura y me giró con decisión hasta ponerme de cara a la pared, haciéndome perder el equilibrio y obligándome a apoyar las manos sobre la encimera para no caerme. 

Quise mirar atrás para entender qué le pasaba, pero solo pude ver sus ojos, sus maravillosos ojos brillando como si pudiese arder el mar. Una mirada para comprobar que no había nadie; se agachó, separó mis nalgas con las manos y arrastró su lengua de abajo a arriba haciéndome gemir con la boca abierta y los ojos entornados.

Tal vez fueron solo dos segundos, pero si la felicidad existe, tiene que ser la mitad de potente de lo que yo sentí en ese momento.

Se levantó, me giré, me miró a los ojos y me dijo: “Vámonos de aquí”.

Y como para no seguirle.

A cualquier parte.

H.

Tengo ganas de que me FOLLEN a lo BESTIA sin amor.